septiembre 01, 2007

un buen hombre

Era seguramente un buen hombre. La primera vez que hablamos me dijo "primero debo decirle una cosa: nunca he usado calzoncillos". No tuve mayores objeciones, pero ahora lamento haber evitado preguntar todo aquello que siempre quise preguntar a los valientes que se atreven a andar tan libres por el mundo. Ciertamente no era el lugar ni el momento adecuado: hay ciertas cosas que a un hombre de 80 años semidesnudo en tu consulta médica es mejor no preguntar.

Como decía, creo que fue un buen hombre. También creo que se afanaba por no ser bien conocido por los demás. Debo haber sido, aparte de su mujer, el único que sabía del tema de la ropa interior. No era lo único oculto de su vida, por cierto. Cada mañana salía sin tomar desayuno en rumbo desconocido. A veces regresaba a almorzar, otras a media tarde. Trámites, decía, con cierta severidad, cerrando las opciones a hablar más al respecto.

Pasaron los meses. Para un hombre de sus años cada mes se transforma en otro metro más de subida en una montaña rusa, siempre sabiendo que se viene la caída. Y cuando cae aceleradamente es cuando vuelvo a aparecer.

Lo último que le escuché fue un "¿para qué?" cuando le di algunas indicaciones. Para qué seguir cuando ya te falta una pierna, cuando eres un viejo que tras un mes en un hospital has perdido buena parte de tu masa muscular, lo que implica que nunca más podrás ponerte en pie (en ese único pie que te queda que tiene eso que llaman escara en el talón), ni siquiera con muletas. Para qué cuando ahora yaces en un catre clínico y cada noche, cuando todos duermen, tienes que tolerar el suave murmullo de tu colchón antiescaras junto a la irregular respiración de tu mujer. Mujer que ha olvidado todo, y te reprende porque no te levantas al baño, y porque esa mujer a la que le dicen enfermera pero que ella sabe que es una puta lo único que hace es acariciarte y moverte de un lado a otro. Ahhhh si pudieras, si pudieras le dirías que estás harto, que no quieres que te joda más, que mire esa no-pierna y no la olvide más. Si pudieras aprovecharías de decirle a la enfermera que no quiere que te diga "mi niño" nunca más, que ya es suficiente humillación estar ahí con un pañal, mientras ella te embetuna en cremas que antes nunca usaste, para que más encima te trate como una guagua.

Ayer la hija me comenta, cuando vuelvo a ver al anciano: Ya le cuesta demasiado tragar. Las pastillas hay que estar moliendolas. ¿Es necesario dárselas a estas alturas?

A estas alturas. El común acuerdo respecto a la utilidad de la vida, respecto a la razón de estar aquí. Explico que estos fármacos nos permiten que el corazón ande a buen ritmo (amiodarona), permiten reducir el riesgo de eventos cardiovasculares (aspirina), mantienen los niveles de colesterol bajo control y estabilizan las placas de colesterol ya formadas (atorvastatina), y permiten mantener un nivel de azucar bajo control (metformina)

¿Y realmente queremos todo eso, doctor?
..

Tras la atención a domicilio, regreso a casa en el metro. Veo el cordón de mi zapato izquierdo desabrochado, y aprovechando la escalera dejo el libro que llevo en la mano -Hombre Lento, de Coetzee- en un escalón y procedo a abrochar los cordones. El recuerdo de ese zapato con que practicaba el nudo cuando tenía cinco años viene a mi mente y sonrío pensando en que nunca aprendí a hacerlo realmente bien. Miro el libro e imagino los pies que han pasado por ese escalón en que se apoya, y, aún peor, los asquerosos escupos que debieron caer ahí, como ese del gordo de manos sucias que iba a mi lado en el vagón y que sonoramente liberó al piso. Sin embargo, tomar el libro no me complica mayormente: nunca fui particularmente asquiento.

Más que las posibles bacterias que ahora porta el libro, lo que me atrae de él es el cómo la realidad imita tan bien a la ficción en esta novela de un hombre sin una pierna que siente como su vida se arruina de repente.

Anoche me llaman. El hombre falleció. Una muerte tranquila, fue en el sueño, fue un buen sueño, se le nota en su carita, dice nuevamente infantilizando la enfermera, que acaba de quedarse sin empleo en esa curiosa labor de cuidar hasta la muerte. Vaya incentivo para mantener viva a la gente.

Ya es de noche, y afuera suenan las sirenas de una patrulla.
¿Me buscan a mi?

17 comentarios:

Blefaroplastía dijo...

"nunca he usado calzoncillos" me parece una declaración de independencia y autonomía de una persona que considera tales valores como una parte intransable de eso que es vivir.

eso

B.

Pablillous dijo...

"Realmente queremos eso doctor?"

he escuchado cosas similares un par de veces y sabe doc?
en el caso mas cercano que yo he vivido , mi viejo,yo siempre fui partidario de que se hiciera todo lo posible por que se quedara mas tiempo por aca...
porque cada dia extra , eran mas historias, mas consejos, mas lecciones de vida, mas intentos por recuperar el tiempo perdido y sobre todo mas tiempo para mirarse y entenderse sin palabras..
ahora la gran diferencia en este caso..es que mi papa pese a sus enfermedades, atesoraba la vida y se aferraba a ella con todas sus ganas..
por eso si alguien me pregunta.si un doctor lo hace ..siempre respondere..

si doctor yo quiero esto...

G! dijo...

a veces pienso que es dificil.... cargar con la propia vida y con la de aquellos que, enfermos, adoloridos y moribundo, ponen las suyas en las nuestras.
exagero?
a veces...

Saludos, dr

G!

Ya no me engañas, descubrí tu blog dijo...

buena pluma, Mr. Jazz.

Notable la frase del incentivo.

Ciertamente que su vida tiene episodios de sobra para alimentar esta sitcom. De hecho lo que le falta es tiempo para escribirlos. Y entonces nos tenemos que conformar con lo que caiga no más. Pero muy bueno.

Saludos y buen viaje.

Fargok dijo...

Tu post me hizo escribir un comentario tan largo, que decidí, en lugar de ponerlo aquí, postearlo en mi blog. Saludos!

Remus dijo...

Si lo tomo como relato, creo que es de lo mejor que has escrito, y con un notable final.
Si lo tomo como realidad, da para pensar mucho, pero no tengo ganas de hacerlo.

Un abrazo

Leandro Bertini dijo...

Relato o realidad???.... no lo se, pero son experiencias que ya se ven en mi vieja familia... el vivir con la muerte cerca te hace ver la vida con otros ojos

saludos amigo, que se ha hecho??

Carlitos dijo...

que buena plumereada virtual, me encantó lo que leí, recorde a mi tía mientras se moría un día de verano diciendonos a todos que tenía frio y que porque estaba tan oscuro (habiendo sol radiante a las 3 de la tarde de una pieza muy iluminada de hospital)

seguire leyendote, tanta terminología medica me recordó algo de rivera letelier que leí hace un tanto.

Nutela dijo...

hace harto que no te leo y vaya si el tiempo no ha pasado en vano. estás escribiendo espectacular.

me quedé como bajón con tu historia, pero al mismo tiempo me gustó que le hicieras justicia al hombre que no usaba calzoncillos con ella.

beso

J. dijo...

:)

bien melancólico,
no me gusta pensar en esos momentos.
A propósito de lo bien que escribes, ya mandaste tus cuentos al Stgo en 100...?

Leí por ahí buen viaje
ahora lo recuerdo
enjoy the invisible touch!
o ya fue?


Slds

Polilla dijo...

Me parece que, a pesar de todo, siempre hay un para qué que vale la pena y siempre es necesario hacer lo que sea necesario a cualquier altura. Independiente de si es ficción o no.

Beso,

P
xxx

bahia dijo...

Yo quiero un médico como tú, que escriba y sienta... Como tú.

bahia dijo...

Gracias por dejarme tu comentario. Miro tu perfil y no veo dirección a la que escribir para agradecértelo, por eso lo hago por aquí.

Por cierto, adoro la música de Jorge.

A. dijo...

Lo ayudaste?

Cristóbal Riesco dijo...

sin calzoncillos pobres bolibianas.
Saludos

Carly dijo...

Ufff, heavy.

Heavy para ti, heavy para la familia, pero especialmente heavy para el viejito.

Triste llegar a eso, pero todo vamos para allá...y si tenemos suerte llegamos hasta bien viejos.

Un abrazo

Steppenwolf dijo...

Realmente buen relato, me gustó mucho, y es en algo que he pensado bastante.

De llegar a esa situación no creo que tenga ganas de soportarla. Suena algo agresivo, pero una salida rápida al problema no me parece nada malo. Después de todo, el que está aguantando todo eso es uno.

Si hice las cosas bien, en ese momento no sentiré la necesidad de hacer algo más, estaré tranquilo y no será muy difícil tomar esa decisión.

Saludos.